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Horace Walpole PDF Imprimir E-mail
Escrito por Victoria   
Jueves, 10 de Julio de 2008 07:10

El creador de la novela gótica Nació en Londres, hijo del Primer Ministro Robert Walpole. Fue educado en los elitistas Eton College y King's College, Cambridge. 

Conoció a temprana edad sus tendencias homosexuales, y se cree que tuvo relaciones con el poeta Thomas Gray, y con Henry Fiennes Clinton, 9º conde de Lincoln (más tarde 2º Duke of Newcastle). Gray acompañó a Walpole en una gira por Europa, pero riñeron, y Walpole regresó a Inglaterra en 1741, ingresando poco después en el Parlamento. 

Nunca fue ambicioso en política, pero ocupó su cargo incluso tras el fallecimiento de su padre, en 1745, lo que le granjeó la independencia económica. La casa de Walpole, llamada Strawberry Hill, cerca de Twickenham (Londres), fue un batí burrillo neogótico que inauguró una nueva tendencia arquitectónica. 

Walpole publicó en 1764 la novela gótica, precursora de dicho género, The Castle of Otranto (El castillo de Otranto), inaugurando así una tendencia literaria paralela a la arquitectónica. Este libro es en realidad el primero en literatura de terror gótico. 

Y asi esta persona fue el primer hombre en escribir una novela gotica, se le ocurrio traspasar este estilo arquitectonico a el gran bello arte que es la literatura, estos son los principales personajes. 

Personajes principales: 

- Manfred, Príncipe de Otranto y señor del castillo.
- Matilda, hija de Manfred, hermosa doncella de dieciocho años.
- Conrad, hijo menor y predilecto de Manfred.
- Hippolita, esposa de Manfred y madre de Matilda y Conrad, una mujer amable y servicial.
- Isabella, hija del Marqués de Vicenza, prometida de Conrad en un matrimonio arreglado por sus padres. 

He aquí un fragmento de el Castillo de Otranto… 

Manfredo, príncipe de Otranto, tenía un hijo y una hija: ésta, una bellísima doncella de dieciocho años, se llamaba Matilda. 

Conrado, el hijo, tres años menor, era un joven feo, enfermizo y de disposición nada prometedora. Aun así gozaba del favor de su padre, que nunca dio muestras de afecto hacia Matilda. Manfredo había concertado un matrimonio para su vástago con la hija del marqués de Vicenza, Isabella, la cual ya había sido puesta por sus custodios en manos de Manfredo, a fin de que pudieran celebrarse los esponsales en cuanto el estado de salud de Conrado lo permitiera. 

La impaciencia de Manfredo por esta ceremonia la advirtieron su familia y sus vecinos. La familia, conociendo bien el carácter severo de su príncipe, no se atrevió a exteriorizar sus reservas ante su precipitación. 

Hippolita, la esposa, una dama afable, alguna vez se había aventurado a comentar el peligro de casar a su único hijo tan pronto, considerando su corta edad y su pésima salud; pero nunca recibió más respuesta que reflexiones acerca de su propia esterilidad, pues había dado a su esposo un solo heredero. Los arrendatarios y súbditos eran menos cautos en sus palabras: atribuían aquella boda precipitada al temor del príncipe de ver cumplida una antigua profecía según la cual "el castillo y el señorío de Otranto dejarían de pertenecer a la actual familia cuando su auténtico dueño creciera tanto que no pudiera habitarlo". 

Era difícil atribuir algún sentido a la profecía, y aún resultaba menos fácil concebir que tuviese algo que ver con el matrimonio en cuestión. Pero tales misterios, o contradicciones, en ningún caso disuaden al vulgo de su opinión. Los esponsales se fijaron para el día del cumpleaños del joven Conrado. La concurrencia se reunió en la capilla del castillo y todo estaba listo para comenzar el oficio divino, cuando se advirtió la ausencia de Conrado. 

Manfredo, impaciente ante el mínimo retraso y no habiendo observado que su hijo se retirase, envió a uno de sus criados para que llamara al joven príncipe. El sirviente, sin tiempo siquiera para haber cruzado el patio que le separaba de los aposentos de Conrado, regresó corriendo, sin aliento, frenético, con los ojos desorbitados y echando espuma por la boca. No decía nada, pero señalaba el patio. Los presentes quedaron abrumados por el terror y la extrañeza. La princesa Hippolita, ignorante de lo que sucedía, pero ansiosa por su hijo, se desmayó. Manfredo, menos aprensivo que furioso por el retraso de la boda y por la estupidez de su doméstico, preguntó imperiosamente qué ocurría. 

El criado no respondió, pero continuó señalando hacia el patio. Finalmente, después de que se le dirigieran repetidas preguntas, exclamó: —¡Oh, el yelmo! ¡El yelmo! 

Mientras tanto, algunos concurrentes habían corrido al patio, desde donde se oía un confuso griterío que revelaba horror y sorpresa. Manfredo, que empezaba a alarmarse al no ver a su hijo, acudió en persona a informarse de la causa de tan extraño revuelo. Matilda no se ausentó, esforzándose en ayudar a su madre, e Isabella se quedó con el mismo propósito, y también para evitar mostrar impaciencia por el contrayente, hacia el cual, en verdad, sentía escaso afecto. 

Espero que ahora consideren mas a este gran escritor y político ((jaja pero creo que ya lo conocían y si no pues aquí esta)) El Sinceramente es una de las personas a las que nunca pueden dejarse en el olvido… 

Sayonara… 

† Si debo estar sin ti dejemos que todo desaparezca…† 

†† Manuelle ††

Última actualización el Jueves, 10 de Julio de 2008 07:11
 

Lunes, 19. Julio 2010

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